El amor en los tiempos del ciber

Contra el viento del norte.

¿Te he hablado alguna vez del viento del norte? No me sienta bien el viento del norte cuando tengo la ventana abierta.

Daniel Glattauer. Contra el viento del norte

Fácil de leer y entretenido. ¿Un buen libro? No lo calificaría como tal. ¿Una historia original? Creo que tampoco, aunque tal vez sea esa la clave del éxito de esta novela: hoy en día, tal y como nos movemos en internet el relato nos muestra que nos puede ocurrir a cualquiera y, probablemente, muchos lectores se habrán sentido identificados con alguno de los personajes.

Un correo electrónico equivocado y una respuesta educada desatan una relación virtual entre Emmi Rothner y Leo Like. No se conocen de nada y nada tienen en común; sus vidas son muy distintas, igual que sus deseos y ambiciones. Sólo les une una ciudad y una pantalla de ordenador (o dos). A través de las notas que se envían el uno al otro a través del correo electrónico vamos descubriendo sus caracteres, los detalles de su vida, de sus trabajos, de sus familias. Sus mensajes cortos —salvo algunos que se extienden algo más—a veces intensos, nos desvelan los miedos, los anhelos, las contradicciones, el deseo de descubrirse, de mirarse a los ojos y tocarse. ¿Están realmente enamorados? ¿Puede más el deseo o el temor?

Las críticas lo han ensalzado en exceso —es mi opinión—. Algún incauto, queriendo ver en la novela el renacimiento de la literatura epistolar,  ha llegado a compararlo con Flaubert o  Zweig y ha visto en Emmi a una Madame Bovary del siglo XXI. Sinceramente, no creo que sea para tanto, más bien es exagerado. El argumento es sencillo, la estructura no tiene misterio y Glattauer emplea recursos literarios facilones que hacen muy cómoda la lectura pero le restan mérito.

Es un best seller y poco más. Una novela que, ahora que se acerca el verano y las ansiadas vacaciones, se lee de un tirón durante una tranquila tarde de piscina o de playa. Para relajarse, divertirse y pasar un buen rato.

Reina, 30 de mayo de 2011

En el mes de noviembre del año pasado se editó la segunda parte, Cada siete olas, que el mismo Daniel Glattauer anunciaba al final de Contra el viento del norte. ¿Alguno de vosotros la ha leído? Contadme qué tal, si os apetece, claro.

Porque hay cosas en la vida que sólo hago por placer.

Eddie O’Bryan

La lluvia antes de caer. Jonathan Coe.

Veinte fotografías, unas cuantas cintas de cassette —sí, sí, de esas que a veces se enganchaban y se enredaban; esas cintas, hoy casi una reliquia, cuyo sonido nada tiene que ver con nuestros MP3— y una nota escrita por Rosamond. Tres elementos más que suficientes para que  Jonathan Coe escriba una de las novelas más deliciosas que he leído en mi vida.

Rosamond tiene 73 años y acaba de morir. Gill, su sobrina, debe encontrar a Imogen pero no sabe cómo; sólo tiene el vago y lejano recuerdo de una pequeña niña rubia y ciega. Así empieza una historia de mujeres, de madres e hijas, de culpas y deseos; una historia tierna y cruel, de amor y pasiones, de contradicciones…, una historia de misterio, mucho misterio. Y  también un retrato de la sociedad inglesa desde la II Guerra Mundial hasta los 90′.

La obra no se estructura en los clásicos capítulos, sin embargo cada fotografía es un capítulo, una pequeña historia dentro de una trama que atrapa de principio a fin con sus exquisitas descripciones. Tampoco tiene prólogos ni epílogos, simplemente es: la cadencia de la narración tan suave como una lluvia continua, dulce e incesante, los personajes fascinantes, el final espléndido, impecable.

Porque hay cosas en la vida que sólo hago por placer y una de ellas es leer.

- (…) No me importa que llueva en verano. Hasta me gusta. Es mi lluvia favorita.

- ¿Tu lluvia favorita? –dijo Thea-. Pues la mía es la lluvia antes de caer.

- Pero, cielo, antes de caer en realidad no es lluvia. (…) Es sólo humedad. Humedad en las nubes. (…)

- Ya sé que no existe. Por eso es mi favorita. Porque no hace falta que algo sea de verdad para hacerte feliz, ¿no?

Reina, 25 de mayo de 2011

Auster, el escritor herido (*)

(*) Los escritores somos seres heridos. Por eso creamos otra realidad.

Paul Auster.

Sobre Paul Auster y sus novelas he escuchado y leído todo tipo de opiniones: elogios, indiferencia, críticas incluso demoledoras. Para algunos se trata de un magnífico escritor, fascinante, que atrapa, deslumbra, crea adicción… Otros, sin embargo, no lo soportan, se cansan, dicen que se repite, que sus novelas son siempre más de lo mismo, que toma el pelo a sus lectores. De todo y variado.

Yo no he leído toda la prolífica obra de Auster, sólo unas cuantas novelas; empecé con su Trilogía de Nueva York y me gustó. Me gustó y me sigue gustando este escritor herido.

Me gustan sus personajes, a veces oscuros, otras extravagantes, cercanos, lejanos; sus escritores y detectives, las intrigas muchas veces no resueltas, los alter egos y juegos de identidad, el azar —¿un tópico al hablar de Auster?—, el béisbol, el cine, la causa y el efecto, la metanovela, los libros, Kafka, Beckett, Nueva York, su Brooklyn; la casualidad, las casualidades o las causalidades; la muerte, la culpa, el perdón…

Todo ello se mezcla en sus novelas, todo forma parte de ellas, sí siempre. O tal vez forma parte de él, no lo sé; intuyo algo autobiográfico en su obra o no; quizá todos los escritores plasman realidades ficticias, transmiten experiencias y sentimientos vividos por ellos, por otros. Cuentan, imaginan, inventan, y Auster narra así revolviendo la realidad y la ficción, regalándonos todos sus tópicos y a mi me gusta.

En su último libro, Sunset Park, Paul Auster hace un repaso de la sociedad norteamericana contemporánea a través de la historia de un misterioso y solitario joven, Miles Heller, que tras abandonar su carrera, su familia y todo lo que le unía al pasado, ha conseguido vivir en un presente continuo y plano.

“Es el guerrillero del agravio, el campeón del descontento, el detractor militante de la vida contemporánea que sueña con forjar una nueva realidad con las ruinas de un mundo fallido. A diferencia de  la mayoría de los inconformistas de su clase, no cree en la acción política. No pertenece a movimiento ni partido alguno, nunca ha hablado en público y no tiene deseos de sacar a la calle hordas coléricas para quemar edificios y derribar gobiernos. Su postura es puramente personal [...]“

Sunset Park. Paul Auster

Pero este no es Miles sino Bing, Bing Nathan, su mejor o tal vez su único amigo.

Lean; ¡estamos de vacaciones¡

Reina, 20 de abril de 2011

¿Qué es poesía…?

…Y sin vacilar un segundo viajamos hasta Sevilla con Bécquer —poesía eres tú— y el romanticismo.

La poesía nos conduce directamente al amor, al desamor, a la vida, a la alegría, al sufrimiento, al deseo, al sentimiento profundo, a la emoción, al triunfo de lo irracional… Es el primer impulso porque, sin duda alguna, todo eso es poesía. Poesía es eso y más, todo eso y mucho más. Porque la poesía es un arma cargada de futuro.

La poesía, como la música, existe desde el origen de los tiempos, porque vivir sin poesía o sin música no será imposible —supongo—  pero seguro el mundo se convertiría en un lugar aún más insufrible, inhóspito y aciago. Porque la poesía, como el mar, el siempre mar, ya estaba y era.

Porque la poesía, además de un pretexto para sentir tus dedos dibujando historias en mi pelo, es capaz de regalarme la belleza de un pobre cubo de la basura.

Poesía es desmayarse, atreverse, estar furioso, es ir y volver, encontrarse, encontrar, sucederse, suceder. Es táctica y estrategia, una batalla ganada —o perdida—, es sorprenderse, es fluir y huir

Es una tarde de verano, la tarde anterior a la tormenta con truenos en el cielo, una mañana de primavera, dulce y cantarina; ocre, naranja y roja en otoño, o una lluvia airada que estremece en invierno.

Y…

“Si hay poesía subterránea
en mis palabras, solo tú
lo sabes. En ti ha de acabar,
puesto que fuiste tú su origen.

José Hierro

  1. Bécquer.
  2. Gabriel Celaya.
  3. J.L Borges.
  4. G. Belli.
  5. Rafael Morales.
  6. Lope de Vega.
  7. M. Benedetti.
  8. Luis Gª Montero.
  9. José Hierro

Y para ti, ¿qué es poesía? ¿Te apetece contármelo?

Reina, 21 de marzo de 2011