
Entre todas las obras de Delibes podría haber elegido cualquiera; cualquiera es extraordinaria, cualquiera refleja la vida en las tierras austeras de Castilla, cualquiera es un modelo de uso del lenguaje, sí cualquiera me hubiera bastado para definir a un excelente escritor. Sin embargo he elegido Cinco Horas con Mario y no ha sido al azar.
Los motivos, dos: el primero porque hay que ser muy grande para escribir un monólogo -no tan monólogo- de casi trescientas páginas. El segundo, porque se trata de una narración en segunda persona, que es mi favorita y muy escasa en la literatura.
Empleando de forma magistral la ironía como técnica literaria, Miguel Delibes lleva a cabo un gran retrato de la sociedad urbana española de la posguerra y refleja el enfrentamiento entre la España liberal y abierta, representada por Mario y la España retrógrada de la época franquista, encarnada en la figura de Carmen, una mujer provinciana de clase media, con mentalidad burguesa, cargada de los prejuicios y convencionalismos característicos del momento.
Tras la repentina muerte de Mario -catedrático de instituto, intelectual, tolerante y de ideas avanzadas- su viuda le vela. Se incia así el tenso monólogo interior de Carmen que acusa a su marido del fracaso de su propia vida. Con su manía de aparentar y su pensamiento obsesivo reprocha a su marido la frialdad hacia ella, la parquedad y austeridad en cuanto al dinero en contraposición con sus deseos de ascenso social, el pensamiento poco práctico de Mario, llegando el momento de mayor tensión cuando ella confiesa su infidelidad, de la que también culpa a Mario (si él le hubiese comprado el 600, ella no hubiera estado esperando el autobús y no se hubiera encontrado con Paco, un viejo amigo…) y, a la vez, busca su perdón.
A través de Carmen se ponen de manifiesto los valores reaccionarios sobre el sexo, el dinero, la educación de las mujeres, la autoridad, el matrimonio, la religión y la diferencia de clases.
“Mario, cariño, lo que pasa es que ahora os ha dado la monomanía de la cultura y andáis removiendo cielo y tierra para que los pobres estudien, otra equivocación, que a los pobres los sacas de su centro y no sirven ni para finos ni para bastos, les echáis a perder, convéncete, enseguida quieren ser señores y eso no puede ser”.
Los críticos hablan de monólogo o diálogo interior pues es ella quien se desdobla y habla consigo misma, sin respuesta aparente; sin embargo, los pasajes de la Biblia subrayados por Mario son, en el fondo, una respuesta a los reproches de Carmen, otra forma de entender el amor, la caridad, la necesidad de cambio. Los versículos señalados nos muestran muchos rasgos de la personalidad de Mario, son la voz del marido muerto.
Llama la atención el lenguaje coloquial, lleno de tópicos, frases hechas, reiteraciones y concordancias equivocadas que resulta revelador de la personalidad de Carmen: ignorante (consecuencia de la educación recibida exclusivamente para casarse y ocuparse del marido y los hijos), ambiciosa, clasista, ultra-católica (una mujer “como es debido”…) y contradictoria.
Mario se dibuja como el personaje opuesto; sin embargo, como defensor de ideas sociales progresistas y de los marginadoses es incapaz de darse cuenta cómo Carmen se ahoga entre los prejuicios que relegaban a la mujer a la vida doméstica y la convertían en otra marginada; Delibes nos muestra así la falta de comunicación en el matrimonio y la incompresión entre ambos cónyuges.
Una magnífica crítica social que emplea la ironía como forma de eludir la censura: transmite una idea criticando la contraria.