
Es, posiblemente, una obra distinta, narrada de una manera especial, una novela magnífica cuyo estilo es muy diferente a la literatura que, la mayoría, estamos acostumbrados a leer.
Se trata de una “obra maestra” de la literatura japonesa y una de las primeras novelas de la historia: fue escrita en el siglo X (período Heian). Eran tiempos oscuros para el resto del mundo, mientas que la civilización japonesa nunca fue tan refinada y culta. Obviamente, la elegancia y la educación eran patrimonio exclusivo de una minoría: la “nobleza”.
Fue escrita por una mujer, Murasaki Shikibu, dama de la corte Heian, inteligentísima, escritora excepcional y gran aficionada a la poesía.
Poco más se sabe de la autora. Al parecer era hija de un cortesano de rango medio perteneciente a la entonces, poderosa familia Fujiwara. Muy pronto se convirtió en la figura central de un brillante círculo literario femenino. Murasaki adornó su “genji” con 795 “waka” (poemas de 31 sílabas).
Es probable que la autora no se llamara realmente Murasaki – en toda la novela evita el uso de nombres propios, sobre todo los de las “damas” – sino “la dama que escribió sobre Murasaki”. Es esta una práctica japonesa habitual en el época imperial: los hombres son nombrados por sus cargos y las mujeres mediante perífrasis formadas a partir de características físicas, objetos, lugares, poemas… (Murasaki no Ue: lavanda o espliego; su nombre se deriva del color del vestido que lleva cuando Genji la ve por primera vez, ella tenía 10 años).
Su extensión es también excepcional: consta de dos volúmenes (casi mil páginas cada uno de ellos), I.-El esplendor y II.- La decadencia. La novela de Genji transcurre a lo largo medio siglo, con infinidad de personajes, aventuras galantes, luces y sombras, maquinaciones de poder, erotismo sutil…
El protagonista de la obra, Genji El Resplandeciente, es un personaje apasionado, nos transmite un estado de deseo permanente, irresistible para las mujeres; irradia luz y está destinado a ser emperador, rango que nunca alcanzará – llegando, incluso a ser condenado al exilio – a causa de sus enredos amorosos.
Abundante en descripciones, recrea de manera fiel la forma de vestir, los muebles y decoración de las estancias, las costumbres y ceremonias, las tradiciones cortesanas en un fresco de la sociedad de su tiempo. Esto supone para el lector actual, sobre todo para el occidental, asomarse a un mundo de una riqueza cultural infinita y sorprendente, donde hasta el más mínimo acto, desde la indumentaria a la comida, tenía una norma y una razón de ser.
Creo que se trata de una obra cuya magnitud es imposible reflejar en un breve comentario, necesita ser vivida y experimentada, en primera persona, por el lector.
No es una novela fácil de leer, tanto por su extensión como por sus innumerables personajes. Es fundamental una buena traducción, así como abundantes comentarios y notas para su comprensión.
Me atrevo a recomendar la edición que yo tengo: “Ediciones Destino, Ancora y Delfín”. Una fantástica versión, con comentarios y notas de Xavier Roca-Ferrer y prólogo de Harold Bloom, crítico literario muy controvertido, quien compara a Murasaki con Proust y afirma: “el libro se convirtió, y sigue siéndolo hasta hoy, en una especie de Biblia secular de la cultura japonesa”.
Ahí queda, para quien se atreva. Yo he leído ambos volúmenes y me pareció impresionante.
Reina, 28 de marzo
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