Así No

Sara leía tranquila recostada en el sofá. Recién terminados los exámenes de su primer año en la universidad se abandonaba al placer de no hacer nada, de no tener nada que hacer; entre pianos y grillos flotaba sobre el aire cálido que se colaba entre los visillos agitando las hojas de su libro, sonreía cómplice a la luna.

Nada podía perturbar ese momento, el verano volvía a su vida, dulce, eterno, otra vez, la primera noche…

Un segundo bastó para quebrar su paz, tres palabras escritas fueron suficientes para desbaratar un mundo frágil todavía, aún convaleciente. Una sola frase provocó el estallido mientras Sara se escurría entre los almohadones.

_Conecta la cam- la pesadilla retumbaba de nuevo en sus oídos. La luna se licuó, la música cesó, el libro se deshizo.

Tres palabras y el mundo giró, y la náusea le revolvió las entrañas y el espejo escupió el reflejo de la niña que fue, de esa niña que una tarde jugó a ser mayor porque las niñas de trece años sueñan con crecer, de ese día maldito en que colgó su foto en la web para que su nueva amiga virtual pudiera conocerla. Y el asco vomitó la imagen del cerdo que le robó su infancia con mentiras, su adolescencia con palabras soeces, la imagen del tipo sin escrúpulos que le torturó cada noche, durante meses -”conecta la cam” -, del ser repugnante que le chantajeó sin piedad – “si no haces lo que te digo todos van a a saber lo eres en realidad, tus amigos, tus padres…, lo sé todo sobre ti” .

Y el grito desgarrador -¡mamáaaa! – que cinco años después volvió  a derribar los cimientos de su vida.

Reina, 16 de junio

No es una historia real, ¿o sí?

No es una historia real…, es la historia real de miles de niños y niñas.

Sara puede tener trece años, o doce, o diez, o quince…, Sara puede llamarse Ana, Beatriz, Carlos o Alberto…, la historia de Sara puede tener otro final, un final mejor o peor.

Puede.

Pero nadie tiene derecho a quebrar la vida de nadie, aún menos la de un niño; nadie tiene derecho a romper su infancia, a robarles sus sueños, sus ilusiones, su inocencia, su mundo… NADIE.

En Facebook se ha creado un grupo de apoyo con el fin de exigir la eliminación de Pornografía infantil de Windows Live donde miles de niños y adolescentes son victimas de abusos. Las denuncias reiteradas no han servido para evitarlo ni controlarlo.

Enlace del grupo en FacebooK

En Twitter también también se está pidiendo a Windows Live que lleven a cabo acciones rápidas y efectivas para terminar con esta lacra, mediante las etiquetas (Hashtags) #WLiveAsiNO o #limpialared.

Angustia

Paisajes desolados, fríos, parajes baldíos de mi alma que no llena tu mentira.

Que esa mano tendida es una puerta falsa hacia el presidio, una mano que atenaza dulcemente mi garganta, tapa mi boca y me conduce sin pausa hacia el encierro, esa mano suave que va cortando mis alas y mis ganas.

Calla, así, tú calla… No lo dices, no hace falta.

Es sutil tu manera de conducir un sueño hasta el desierto árido e infinito de la desesperanza, del debe ser, de lo establecido, de todo aquello que entumece mi alma y me ahoga, me asfixia, me tortura, me transtorna, me envilece, me oprime, me desgasta, me atormenta.

Otro corazón helado, apresado en un cuerpo siempre frío y una manos vacías, desconsoladas, sin futuro, sin nada. Ya no temo el infierno.

Reina, 18 de marzo

Muros que hablan

Dices que has llegado al final; ante ti un muro inquebrantable, sólido, firme; un muro de hormigón armado de desengaños, de esfuerzos inútiles, de intentos, de ladrillos de abandono. Crece con tu mirada, se vuelve infinito. Sientes el vértigo de lo  inalcanzable, de la nada.

Dices… ¿Qué? No, no, no lo digas. ¡Ni siquiera lo pienses! No.

¿Te rindes? ¿Que no hay salida, ni subida? ¿Que estás derrotada? ¡Escucha, escúchame!

Te tapas los oídos, no quieres oír ni ver. Apoyas la espalda contra la pared, te vas escurriendo, sentada en el suelo contemplas el camino que dejaste atrás: un abismo en tu mirada, una lágrima fugada, fugaz…

Vas perdiendo fuerza, te disuelves, me asustas. Grito, intento sacudirte. Murmuras algo, no te entiendo, siento el pánico… Ahora sí, dices que ya no tienes miedo, te diluyes inmutable, te desvaneces. Tiemblo, me ahogo, enmudezco.

La sirena rompe el atronador silencio.

_ ¡Corre! Aún está viva; si nos damos prisa  hay muchas esperanzas de salvarla.

_ Tu esperanza es mi desdicha, si me salvas me condenas…

En el muro gotea una palabra inacabada, rojo sangre…